Vista de exposición 'Sumari Astral', Centre de les Arts Lliures. Foto de Amanda G. Eleuterio. Cortesía del Centre de les Arts Lliures.
La Fundación Joan Brossa abre sus puertas esta primavera. Lo hace con Sumari astral, una exposición que propone una experiencia, un conjuro colectivo en torno a la idea de magia como herramienta de lectura y transformación de la realidad.
Maria Canelles, directora de Artes Visuales y Textuales, ha explicado en rueda de prensa que «se trata de una exposición colectiva con artistas de primer nivel, intergeneracionales e internacionales, que parte de la poética brossiana más mágica».
Comisariada por Caterina Almirall, con la colaboración Claudia Elies, la muestra toma como punto de partida el poemario póstumo del poeta barcelonés para construir una constelación de prácticas artísticas que se mueven entre lo visible, lo oculto y lo imaginado.
Sumari astral nace de un proceso colaborativo en el que artistas y comisarias han trabajado casi como médiums, canalizando fuerzas que no siempre se dejan atrapar por el lenguaje. El resultado es un recorrido entre esculturas, instalaciones, gestos y acciones que funcionan como pequeños desplazamientos de lo real.
El poema de Brossa no es un texto cerrado, sino un mapa inestable que da forma a este cosmos artístico. Las obras se ordenan por afinidades ocultas: la gravedad, el reflejo, el tiempo, la noche. En este universo expandido, las piezas parecen hablarse entre sí. Anna Dot (Vic, 1991) construye una noche estrellada de tela y luz, mientras Enric Farrés Duran (Barcelona, 1983)compone una escultura líquida hecha de reflejos y claraboyas. Andre Romão (Lisboa, 1984) convierte una raíz en un dedo-oráculo, y Luz Broto (Barcelona, 1982) elimina la distancia entre dos cristales vecinos en un gesto sutil.
Hay también una arqueología de lo invisible: desde los números primos de Esther Ferrer (San Sebastián, 1937) hasta los sueños narrados y reescritos por Itziar Okariz (San Sebastián, 1965). Magda Bolumar (Caldes d’Estrac, Barcelona, 1936) teje un cosmos propio a partir de arpillera; Cristina Mejías (Jerez de la Frontera, 1986) explora la fragilidad como forma de deseo, y Martín Vitaliti (Buenos Aires,1978) convierte un foco de luz en una expectativa escénica proyectada hacia el patio.
La exposición también cuenta con las obras de Eulàlia Rovira (Barcelona, 1985), que crea ilusiones visuales que desafían la percepción; Fuentesal & Arenillas, que exploran el movimiento escultórico como mutación constante; y Lúa Coderch (Iquitos, 1982), cuya pieza traza un puente entre el cuerpo y el lenguaje a través de las líneas de una mano convertidas en mobiliario escultórico. La exposición ocupa y transforma el Centre de les Arts Lliures, activando incluso el techo, con una intervención de Aldo Urbano (Barberà del Vallès, 1991).
La muestra irá acompañada de un programa público de performance con la participación de Itxaso Corral (Bilbao, 1979), Quim Pujol (Barcelona, 1978), Marc Vives (Barcelona, 1978), Mariona Naudin (Barcelona, 1980), Sofía Monenegro (Madrid, 1988) y Ángela Millano (Vitoria, 1987).
El ciclo de artes en vivo del Centre de les Arts Lliures también explora la magia y la potencia de la escena contemporánea. Georgina Oliva, directora de Artes Escénicas, ha destacado que «el teatro de texto que veremos este trimestre surge de una palabra nada literal, pero sí simbólica, que lleva al actor al límite, y la escena híbrida revisa la parateatralidad a través de conferencias performativas y del patrimonio».
El programa abre con Los hijos perdidos de Dios, la performance de seis horas del colectivo La Casa de Asterión. La pieza, escrita y dirigida por Alexandre Rodríguez i Fons (Alicante, 1994), atraviesa la historia reciente de España a través de una familia de izquierdas de Alicante. Del franquismo a la democracia, lo que emerge es un relato lleno de silencios, mitos y espectros. La performance tendrá lugar los días 5 y 6 de abril, de 12 a 18 h.
Y, para cerrar la temporada 24-25, la Fundación Joan Brossa confía en la experimentación sonora de Raül Refree (Barcelona, 1976). Su Exorcisme, que tendrá lugar los días 19 y 20 de junio a las 20 h, es una aproximación libre y vibrante al legado de Brossa desde el lenguaje musical. Más que un concierto, se trata de un ritual acústico que opera entre la tradición y la ruptura, entre lo popular y lo contemporáneo, y que sintetiza con precisión la filosofía del programa Exorcismes. Patrimoni i performativitat.
El programa completo se puede consultar en la Web del centro.
Como extensión natural del espíritu brossiano, la Fundación ha inaugurado esta temporada la Escola Brossa: un espacio concebido para fomentar la experimentación en los márgenes de la poesía y la escena. Este programa formativo funciona como un laboratorio colectivo donde pensar, crear y desbordar los límites del lenguaje.
Comisariada y coordinada por Roser Casamayor, la Escola Brossa toma como punto de partida la convicción del propio Joan Brossa: que la poesía es, ante todo, un lugar radicalmente libre, capaz de fusionar géneros y provocar colisiones entre formas expresivas.
Durante esta primavera, el proyecto contará con la participación de artistas y poetas como María Salgado (Madrid, 1984), Maria Sevilla (Badalona, 1990), Raquel Santanera (Manlleu, 1991), Laura G. Ortensi (Roses, 1991), Quim Carandell, Gabriel Ventura (Granollers, 1988), Arnau Pons (Felanitx, 1965) y Javier Urrutia. Cada uno de ellos aportará una mirada particular al lenguaje, el ritmo, el cuerpo o el pensamiento poético.
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